lunes, 10 de junio de 2019

El tecito de Admunsen



Dos personas sentadas frente a frente en una mesa, una habla:
-Hoy nací. Puede parecer difícil de explicar, o de entender. Hoy nací, en otro lugar del mundo, lo que ve usted ahora no soy la persona que nace, vengo de otro tiempo, de otros tiempos. Se podría decir que vengo del futuro, pero a esta altura eso sería simplificar demasiado las cosas… Le explico, siempre tuve sueños muy vívidos, desde que tengo memoria. ¿Le pasó alguna vez soñar algo que pareciese tan real que al despertar no dudaba de que haya sido solo un sueño? Toda mi vida fue así. Dentro de unos años, un grupo de científicos va a sintetizar una droga capaz de inducir sueños lúcidos. Estaban financiados por una empresa farmacéutica que terminó quebrando por otros motivos que no vienen al caso mencionar, juicios por ocultar información para mantener una ventaja económica a costa de no fabricar curas a algunas enfermedades y seguir vendiendo tratamientos paliativos mucho mas redituables. En fin, la fórmula del sueño lúcido pasó de mano en mano por un tiempo, las patentes se volvieron complicadas de rastrear y su fabricación se volvió un problema legal. Poco tiempo después, variantes de esa sustancia aparecieron en el mercado negro. Se lo llamó de muchas maneras: “Vitrola, Tecito de Admunsen, LuDri, H9000…”. Cuando la probé mi vida cambió por completo, no solo mis sueños eran mas lúcidos, y podía elegir donde ir y que hacer, al despertar descubrí que lo que soñaba afectaba la realidad.
Cambié el pasado y viví muchos futuros diferentes, y todo me llevó aquí, ahora, en frente de usted…-
La otra persona tomó el arma que estaba oculta bajo la mesa y le disparó sin mediar palabra.
-Yo también probé el tecito de Admunsen; yo también tenía sueños vívidos antes; yo también vi el pasado y viajé al futuro muchas veces, y pude ver como tus planes afectaban mi destino, ahora sin tu influencia, ya nada puede detenerme.-


martes, 19 de diciembre de 2017

Puentes

Esta mañana no quise abrir los ojos. Las sensaciones eran muy diversas, pero, en última instancia, reducibles a dos extremos de lo mismo. No debo ser el único en la ciudad, en la provincia, en el país y a lo largo y ancho del planeta que siente esto. No quería abrir los ojos por miedo a descubrir que habíamos sido derrotados, y no quise abrirlos para ver lo contrario, simplemente por ansiedad, o por no bancarme la incertidumbre. La noche anterior habíamos vivido algo increible, dado una batalla histórica, llena de sorpresas, jugadas y contrajugadas. Batalla no solo contra el aparato represivo del Estado, sino contra la comodidad acostumbrada. Ayer salimos del sueño de la delegación de poderes. Ayer fue una jornada de mutitudes, de marchas, de gente, codo a codo, yendo en una misma dirección. Desconocidos que se vieron la cara por primera vez, con los ojos después de un largo sopor. Clamores populares que se creían olvidados volvieron a resonar. El largo sueño, cómodo por cierto, y muy abrigado tambiéno, se quebró de manera, esperemos, duradera. Algo que hacía tan poco parecía imposible se encendió en los corazones de muchos. La rebeldía ante una injusticia que no sería tolerada.
Ayer vi mujeres y hombres, viejos y jóvenes, clase media, empobrecidos y acomodados, "la gente" que todos los políticos se endilgan representar, juntos caminando por la misma calle. Eso es una victoria, la verdadera forma de cerrar la grieta es apagar la tele y mirarnos a los ojos unos a otros, y a nosotros mismos frente al espejo.
Los pregoneros del optimismo dirán que es para mejor, pero están cegados y son, en el mejor de los casos, cínicos y mercenarios. Corrieron, y correrán el foco del debate con verdades a medias ¿y que es eso sino una mentira? haran todo lo posible para intentar tapar lo que se vivió, para dormir de noche sin que la conciencia los atormente por haberse puesto, una vez mas, en contra de quienes dicen representar. Se mentirán a si mismos para no sentir que le mienten a los demás, pero en el fondo lo saben.
Ayer se quebró algo que parecía inmutable. Ayer muchos abrieron los ojos.
El gobierno puede haber ganado una ley, puede haber legalizado un robo más a los que menos lo merecen, a los más débiles; pero en su prepotencia perdió muchísimo: despertó conciencias, encendió una mecha que nadie sabe cuan larga és, ni cuanto se quemará antes de llegar al cartucho de dinamita.
Esta semana volví a creer en todos nosotros, volví a creer que el empoderamiento civil es el camino.
Ayer grandes sectores de la sociedad se volvieron a unir después de muchos años para defender a los suyos. Ayer muchos nos diemos cuenta de que, a pesar de muchas contradicciones aparentemente irreconciliables, no eramos tan distintos.

 

sábado, 2 de septiembre de 2017

MEMORIAS DE UN ESCRIBA



Nos mandaron a la 5ta división, la de los cobardes. A nadie le gustaba estar ahí, pero, secretamente, a cada uno de nosotros, ese desprestigio nos daba cierta seguridad. Nadie esperaba nada de nosotros y nos confortaba saberlo.
En el primer combate que tuvimos, Ronnie cargó contra los enemigos, pero nadie lo siguió. Simplemente nos quedamos quietos, en silencio, viendo como caía, la mirada de desesperación que tenía en sus últimos momentos, al saberse solo y abandonado quedó grabado en mí. Creo que en todos, pero nunca hablamos del tema. Optamos por el silencio, cómplice, de los que no hacen nada y no tienen el valor para arrepentirse.

domingo, 30 de julio de 2017

Crónicas del mundo moderno





Sonó el teléfono, la casa estaba vacía y ni siquiera los mosquitos del techo del living parecieron inmutarse por el ruido.
Sonó una, dos, tres veces; recién a la cuarta vez la llamada fue atendida.
Dos conversaciones se dispararon en paralelo:
-Hola- dijo la voz de una chica joven
-Hola Dijo un hombre maduro con voz modulada
-Te comunicaste con la casa de…-
-Esta es una breve encuesta sobre…-
-Dejá tu mensaje después de la señal-
-Si usted es mayor de 18 años pulse uno…-
-Biiiiip-
Ambos interlocutores permanecieron en mutuo silencio. Por primera vez dejaron de hablar y escuchaban. Compartieron en silencio una espera automática.
Después de un tiempo tan prudencial como predeterminado ambos cortaron casi al mismo tiempo.